Anónimo

Hay muchas formas de anonimato.  La atribución errónea es una de ellas.  Obras que se han atribuido a grandes autores masculinos y que, en realidad, son la creación de grandes mujeres.  Mujeres que lograron esquivar los prejuicios y enfrentar las dificultades derivadas de querer ejercer un oficio en un mundo y en un tiempo dominado por hombres.  Sin acceso a formación, excluidas de gremios, talleres, sin mecenas, sin independencia económica, con cargas familiares, con la imposición de ocuparse de las labores del hogar…  No fueron muchas las que consiguieron esquivar todos los obstáculos que la sociedad patriarcal y androcéntrica les ponía en el camino, pero eso no implica que no haya honrosas excepciones.  Mujeres brillantes que con su trabajo contribuyeron a que el papel de la mujer en el arte fuese otro diferente al de objeto de deleite e inspiración.  Mujeres que escribieron páginas destacadas de la historia del arte, aunque luego la historiografía se haya esforzado por ocultarlas bajo nombres masculinos. 

El pseudónimo también ha sido otra forma de anonimato.  Entendiendo que triunfar con su propio nombre era prácticamente imposible, algunas artistas utilizaron un pseudónimo masculino para presentar y firmar sus obras.  Concediendo el mérito a un hombre, huían de los prejuicios sobre su capacidad y su valía.  Precisamente este ha sido uno de los argumentos que los historiadores y críticos han esgrimido durante años, por no decir siglos, para justificar la ausencia de las mujeres en la historia o en el mercado del arte.  Sus trabajos han sido considerados de menor calidad estética.  Aquellas que ejercían el noble arte de la pintura eran condenadas a la categoría de aprendices, aficionadas o copistas.  Y si su talento no podía desmerecerse con estos calificativos, entonces se vinculaba a una figura masculina, que era quien les enseñaba el oficio (a ellas y a cualquier artista masculino, prácticamente todos se iniciaban como aprendices en el taller de otro artista, pero esta circunstancia solo jugaba en contra en el caso de las mujeres).  En base a estos criterios, ¿serías capaz de diferenciar cuál de estas obras fue realizada por una mujer y cuál por un hombre?

Que las mujeres no han gozado del mismo reconocimiento que los hombres es evidente, pero no es válido argumentar que la sociedad del momento nunca valoró su trabajo y que ese hecho ha marcado el devenir de la historia y su propio estudio.  De hecho, algunas artistas sí gozaron de prestigio y reconocimiento en su época, como sucedió con Sofonisba Anguissola.  Esta pintora renacentista fue alabada por Miguel Ángel, Giorgo Vasari la incluyó en su diccionario, se hizo famosa en Italia, Van Dyck la retrató y trabajó como retratista en la Corte de Felipe II.  Otras artistas reconocidas fueron Lavinia Fontana, Artemisia Gentileschi, Luisa Roldán, Camille Claudel o, ya en el siglo XX, Frida Khalo, Georgia O’Keefe, Berthe Moristot y Sonia Delaunay, entre otras.  Muchas de ellas cayeron en el olvido tras su muerte.

Otro argumento que ha servido para justificar su ausencia ha sido el que hace referencia a su menor profundidad psicológica.  La creación de la mujer se banaliza y se considera superficial.  El genio es masculino.  Sin embargo, qué ocurre cuando descubrimos que la obra de arte más influyente del siglo XX nace de la genialidad de una artista como Elsa von Freytag.  Esa obra no es otra que La fuente, considerada la primera obra de arte conceptual y piedra angular de la carrera artística de Marcel Duchamp, quien a partir de ella desarrolló su idea de los readymade.  Atribuida a Duchamp, esta obra se vio como una versión moderna de Dánae y la lluvia de oro o incluso como la representación del útero materno, pero vista desde la perspectiva de la que realmente es su autora, la obra cambia completamente de significado y obliga a una revisión historiográfica.

Con frecuencia, anónimo es femenino.  Detrás de esta palabra se oculta el trabajo de una artista.  Mujeres que la historia del arte ha borrado de sus páginas y que poco a poco van recuperando su nombre.  Los museos, en tanto que instituciones culturales de referencia y legitimadoras de discursos, deben esforzarse por borrar esos anónimos femeninos de las cartelas o rescatarlos de sus almacenes, para otorgarles el lugar que realmente merecen en la historia.  Es fundamental que desde nuestras instituciones comprendamos la necesidad de poner en marcha políticas que contribuyan a mejorar la representación de las artistas en las salas de exposición, contribuyendo a su estudio y revisión historiográfica y a la formación de un corpus bibliográfico que las saque de la sombra y termine con todos esos anónimos.

Ellas (continúan) creando

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Siguiendo el hilo de las publicaciones anteriores, recupero la mención que hice al festival Ellas Crean en la entrada dedicada a Pilar Fernández Vega para analizarlo en este nuevo reto semanal.  No obstante, dentro de este análisis prestaré especial atención a la participación del Ministerio de Cultura y Deporte y, más concretamente, al papel de los museos en este evento.

El festival Ellas Crean surgió al calor de la celebración del día 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, como una plataforma para dar visibilidad a la creación de mujeres artistas.  De manera que sirviese, a su vez, para que las creadoras más jóvenes pudieran encontrar referentes que guiaran sus carreras.  Diecisiete ediciones después, el festival ha consolidado su presencia en el panorama artístico y cultural nacional con una programación diversa y de gran calidad que se reinventa año tras años sobre las bases de un ideario específico, siempre en clave femenina y en defensa de la igualdad real.  Precisamente, la edición de este año 2021 se ha dedicado a conmemorar el centenario de la muerte de una de las grandes novelistas españolas del siglo XIX, Emilia Pardo Bazán.  El Instituto de las Mujeres, adscrito al Ministerio de Igualdad, es el responsable de organizar este festival en colaboración con distintos organismos e instituciones, tanto públicas como privadas, entre ellos el Ministerio de Cultura y Deporte y sus museos estatales de gestión directa. 

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Los museos prestan sus sedes y participan en la programación organizando actividades, como el concierto de música contemporánea dirigido por Teresa Catalán Damas y Diosas en el Museo Arqueológico Nacional.  La celebración de estas actividades en los museos sirve como catalizador para la revisión de los discursos expositivos y del papel que la historia y el resto de las ciencias sociales han reservado a las mujeres bajo el sesgo androcéntrico y patriarcal.  Es precisamente ese papel, el que ha apartado a las mujeres del ámbito de la creación, otorgándoles un rol de musas, de modelos, de aficionadas, mujer modélica, sumisa o sexualizada…  La reivindicación de su papel de artistas y creadoras no es algo nuevo.  Famosa es en este sentido la realizada por el grupo Guerrilla Girls ante el MOMA (Museum of Modern Art) de Nueva York en 1985.  En aquel momento, el MOMA celebraba una exposición titulada An Internacional Survey of Painting and Sculpture, en la que la escasa representación de artistas femeninas era más que llamativa, por no decir alarmante.  De los 169 artistas que participaban en ella, solo 13 eran mujeres.  Con esta y otras muchas acciones de protesta, las Guerrilla Girls mostraban en público la discriminación que vivían las mujeres artistas, acusando a las instituciones que contribuían a mantener esta desigualdad.  Una desigualdad que se prolonga hasta la actualidad. 

El Estudio sobre desigualdad de género en el sistema del arte en España, editado en 2020 por la historiadora del arte Marta Pérez Ibáñez, confirma esta brecha de género con datos como que las mujeres solo representan el 27% del catálogo de las galerías, que el precio de las obras de ellas es menor o que se tiende a comprar obra de arte producida por hombres por considerarla más rentable que la de las mujeres.  Además, el mayor estudio sobre desigualdad en el arte realizado en España hasta el momento, retrata una cruda realidad económica en la que la mayoría de las mujeres no se pueden mantener de su actividad como artista.  Una realidad que queda reflejada en la pirámide de la actividad, que se invierte según se avanza en los años, pasando de una representación femenina del 62,5% entre los artistas más jóvenes a un porcentaje del 23,8% en la franja de los 70 años.  La maternidad, la precariedad económica y su propia condición de mujer frenan sus carreras.  Es por esta razón por la que políticas públicas, como el festival Ellas Crean –dirigido y organizado por y para mujeres– que ponen el foco en la creación femenina y destinan a ella recursos económicos, materiales y humanos, contribuyen a visibilizar el trabajo de todas esas mujeres que, por una simple cuestión de sexo, ven lastradas sus carreras.  Además, tal y como explica la directora del festival, Concha Hernández, “las ayudas a la creación no siempre se acompañan de ayudas a la exhibición y ese es un círculo que debe romperse desde la coordinación pública y privada”. 

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El festival Ellas Crean marca una línea muy interesante de acción, al ser un proyecto que parte de la administración pública como una medida de discriminación positiva y que ha conseguido mantenerse en el tiempo, consolidándose como una oferta cultural de calidad.  Este proyecto ha servido para lograr una mayor concienciación de la sociedad, pero también de las instituciones y organismos que trabajan en el sector.  Su desarrollo sirve de incentivo para la puesta en marcha de nuevos proyectos que buscan revertir esta situación de desigualdad, un ejemplo de ello puede ser la apuesta por artistas mujeres del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en sus compras anuales durante la celebración de la feria de arte contemporáneo ARCO.  No obstante, este tipo de iniciativas y políticas públicas no deben quedar supeditadas a un día, un mes o a una celebración concreta en un momento dado del año, sino que requieren de continuidad y de estabilidad, tal y como reflejan los datos aportados en este escrito.  La precariedad que viven las mujeres del sector cultural requiere de la voluntad de los organismos e instituciones públicas y privadas para apostar por su trabajo y brindarles un escaparate permanente desde el que puedan presentar su obra y llegar a la sociedad.  Quizás así consigamos que estas artistas obtengan su merecido reconocimiento y empiecen a ocupar su espacio como creadoras.

Pilar Fernández Vega, primera directora de un museo nacional

Siguiendo con el tema tratado la semana pasada en la entrada dedicada al nombramiento de Laurence des Cars como directora del Museo del Louvre, hoy os presento a la primera mujer que ocupó la dirección de un museo nacional en nuestro país.

En la edición 2020 del festival Ellas Crean, la subdirectora general de Museos Estatales, Carmen Jiménez Sanz, recordó y reivindicó la figura de Pilar Fernández Vega (1895-1973) en su discurso de presentación pronunciado en el Museo Arqueológico Nacional (en adelante MAN).  Su figura ha pasado desapercibida durante muchos años, incluso para quienes integramos el Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos.  Recuperar su nombre es recordar a la primera mujer que entró a trabajar como conservadora en el Museo Nacional de Artes Decorativas y a la primera que ocupó la dirección de un museo nacional.

María del Pilar Fernández Vega nació en Villadiego (Burgos) el 6 de noviembre de 1895, en el seno de una familia modesta, aunque con un cierto nivel educativo.  Su madre, Filomena Vega Gutiérrez, era maestra, lo que pudo influir en la carrera educativa de su hija y en su temprana vocación docente.  De esta forma, Pilar Fernández cursó estudios secundarios y superiores, algo excepcional para la época.  Aprobó el bachillerato, obtuvo el título de Maestra de Enseñanza Superior y se licenció en la Facultad de Filosofía y Letras, sección Historia, de la Universidad Central de Madrid.  Tras pasar unos años dedicada a la docencia, en 1920 regresó a Madrid e ingresó en la Residencia de Señoritas con la intención de preparar las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos (en adelante CFABA), oposiciones que apruebó dos años más tarde, en 1922.

Fernández Vega realizó sus prácticas en la Biblioteca Nacional, teniendo como primer destino el Archivo de Hacienda y Biblioteca Provincial de Logroño.  Fueron varios los archivos por los que pasó hasta que, el 14 de febrero de 1928, ingresó en el MAN, convirtiéndose en la primera mujer del CFABA destinada a un museo. 

Las primeras décadas de 1900 fueron años tremendamente enriquecedores, durante los cuales desarrolló su carrera profesional, convirtiéndose en jefa de la sección IV del MAN, realizando diferentes viajes de estudios y frecuentando algunos de los círculos femeninos e intelectuales más importantes del momento, como el Lyceum Club femenino, el Ateneo de Madrid, la Sociedad Española de Amigos del Arte o los salones de la revista Blanco y Negro, también asistió como profesora al “Crucero del Mediterráneo”.

El estallido de la Guerra Civil la sorprendió en Alemania.  A su regreso fue destinada al Museo Arqueológico de Valladolid, donde pasó el tiempo que duró el conflicto, hasta su reincorporación al MAN en 1939.  Tras la guerra sufrió la represión franquista.  Fue sometida a un consejo de guerra, al proceso de depuración de funcionarios y a un juicio de responsabilidades políticas.  Todo ello resuelto, afortunadamente, sin consecuencias. 

En 1940, fue trasladada al Museo Nacional de Artes Decorativas, del que un año más tarde fue nombrada directora, al tiempo que también se le nombró directora del recién creado Museo de América, cargos que siguió ejerciendo hasta su jubilación y que la convirtieron en la primera mujer en ocupar un puesto de dirección en un museo de carácter nacional.

Pilar Fernández Vega murió en Madrid el 4 de julio de 1973.  En la esquela publicada en el periódico ABC, José Camón Aznar le dedica las siguientes palabras: ¡Grande y fecunda labor la de Pilar Fernández Vega, viuda de don José Ferrándis, en el campo de los museos!  A ella se debe, en colaboración con su esposo, la reforma del Museo de Artes Decorativas, de una belleza y calidades de exposición a nivel de los más exquisitos museos de Europa.  Allí se muestran, en salas de depurado gusto, los más hermosos productos de nuestras industrias artísticas. 

Ella planteó y realizó la instalación del Museo de América, de un conjunto de gran ambición cultural.  Porque Pilar Fernández Vega, de Ferrándis, concibió este museo como una integración de la civilización española en América.  Con alusiones a las Leyes de Indias, a las Universidades, con constancia gloriosa y detallada del influjo religioso en las tierras colonizadas. 

Su entusiasmo americanista se sentía con ardor misionero.  Recorrió tierras y escribió páginas de encendido recuerdo a la gran hazaña española.  Su gran personalidad estaba siempre al servicio de las nobles causas con contagiosa pasión por cuanto le rodeaba.  Su muerte no extinguirá su memoria dentro de la gran tarea de la museística española.  Y este recuerdo irá unido a la fecunda labor de mostrar al mundo nuestro arte, como signo del espíritu. 

Camón Aznar afirma que su memoria se mantendrá entre los profesionales de los museos, sin embargo, no ha sido hasta hace unos años cuando se ha empezado a poner en valor su figura.  Llama la atención que habiendo ocupado los cargos en la dirección de dos museos nacionales y habiendo llevado a cabo proyectos de envergadura, como los descritos en su esquela, no encontremos ninguna referencia a su labor en los sitios web de los dos museos que dirigió.  También es significativo que, pese a haberse relacionado con grandes nombres de la educación, la cultura y los museos, como Manuel Bartolomé Cossío, Blas Taracena Aguirre, Emilio Camps Cazorla, Francisco Álvarez-Ossorio, Joaquín María Navascués, Felipe Mateu Llopis o el propio José Camón Aznar, entre muchos otros, no goce del mismo renombre.  De hecho, su marido y compañero de profesión, José Ferrandis, cuenta con una entrada en el sitio web de la Real Academia de la Historia, inexistente en el caso de Pilar Fernández.  Por todas estas razones, y por muchas otras, considero necesario recuperar y [re]valorar el papel de las mujeres que, como Pilar Fernández, abrieron el camino a todas las que hoy integramos el Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos, un cuerpo que, a día de hoy, es mayoritariamente femenino, pero que como ocurre en muchos otros ámbitos ha “olvidado” el valor de sus primeras integrantes.

Bibliografía

Azor Lacasta, A. I. 2019. Pilar Fernández Vega (1895-1973): primera conservadora de museos: De los vientos modernizadores de los años veinte y treinta a la represión franquista. Boletín del Museo Arqueológico Nacional 38:327-342.

Azor Lacasta, Ana y Rodríguez Marco, Isabel (2019). Pilar Fernández Vega (1895-1973). En Carretero Pérez, A., Azor Lacasta, A. y Ovejero Larsson, O. (coord.): 150 años de una profesión. De anticuarios a conservadores. Vol. II. Semblanzas. Madrid, Ministerio de Cultura y Deporte, pp. 475-486.

Camón Aznar, J. 1973. Pilar Fernández Vega de Ferrandis. Goya. Revista de Arte 116:131.

Díaz Andreu, Margarita (2002). Mujeres españolas en un mundo en transformación: antigüedades y estrategias de género. Historia de la Arqueología. Estudios. Madrid, Ediciones Clásicas, pp. 57-58.

García Escalera, I. 1960. Mujeres importantes. Doña Pilar Fernández Vega, Viuda de Ferrandis. Directora del Museo de Artes Decorativas. Blanco y Negro 6 de febrero de 1960:92-93.

Marcos Pous, A. 1993. Origen y desarrollo del Museo Arqueológico Nacional. En Marcos Pous, A. (ed.). De gabinete a museo: tres siglos de historia: 21-100, Madrid: Ministerio de Cultura, especialmente p. 80.

Laurence des Cars, primera mujer que dirige el Museo del Louvre

Esta semana el mundo se hacía eco de una noticia insólita: una mujer ocupa la dirección del Louvre por primera vez en su historia 

La historiadora del arte francesa, Laurence des Cars, fue nombrada directora de la pinacoteca el pasado miércoles 26 de mayo.  Con este nombramiento, el Elíseo muestra su voluntad de romper el techo de cristal que limita el ascenso de las mujeres a los cargos directivos de los grandes museos del mundo.  Una limitación que también se experimenta en nuestro país, solo hay que pararse a pensar en el número de mujeres que han ocupado la dirección de alguno de nuestros principales museos.  En esta larga lista de nombres masculinos, la representación femenina es mínima.  De hecho, el número de directoras se reduce a cero en el caso del Museo Nacional del Prado y a dos en el caso del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.  Las mujeres que ostentan tal honor son María Corral, quien ocupó la dirección del Reina Sofía entre los años 1991 y 1994, coincidiendo con la época en la que otra mujer, Carmen Alborch, ocupaba el cargo de ministra de cultura, y Ana Martínez de Aguilar, quien dirigió la institución entre 2004 y 2007.

A la hora de analizar estos datos desde la óptica de la desigualdad de género, esta realidad se agrava todavía más.  Según las estadísticas recogidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de mujeres graduadas en educación superior es mayor al de hombres (53,6% frente a 46’4% en 2018).  De igual forma, la mujer destaca numéricamente en el acceso a la carrera administrativa y en la profesión museística, donde existe una mayoría femenina en plantilla.  De hecho, las mujeres suponen un 70% de las plantillas de los museos de gestión directa de la Subdirección General de Museos Estatales del Ministerio de Cultura y Deporte, según los datos recogidos en 2020.  

Si las estadísticas revelan un dominio femenino en el sector de la cultura y, más concretamente, en el ámbito de los museos, ¿por qué no existe una representación proporcional en los puestos de máxima responsabilidad?  Lo cierto es que estas cifras muestran que, aunque avanzamos, seguimos siendo presas de los estereotipos que cuestionan las capacidades de las mujeres para la toma de decisiones, el poder o la competitividad, asociando su espacio a lo pequeño, a lo familiar.  Precisamente la conciliación familiar, es otra de las cargas con las que tienen que lidiar las mujeres que intentan ascender en sus puestos de trabajo.  Por último, y desgraciadamente, todavía son pocos los referentes femeninos en estos puestos.  Una realidad a cuya transformación contribuirá, sin duda, el nuevo nombramiento de Laurence des Cars.  Esperemos que la lista de mujeres que toman las riendas de un museo se vaya ampliando hasta conseguir que su nombramiento deje de ser noticia.  Será ahí cuando sepamos que la igualdad está más cerca de alcanzarse.

Presentación

Imagino que os lo estaréis preguntando: no, no he creado este blog para el curso.  Si lo hubiese hecho seguramente habría elegido otro nombre, pues el contenido no es precisamente banal.  Sin embargo, y dejando a un lado la practicidad de utilizar un blog ya creado, me ha parecido interesante jugar con sus entradas para relacionarlas con un tema que muchas veces se banaliza: la igualdad de género.  Espero ser capaz de dar peso a este argumento al final del curso que hoy empiezo.  Aquí no voy a dar mucha información sobre mi identidad, supongo que conforme avance la experiencia de aprendizaje comprobaréis que mi perfil profesional está relacionado con el ámbito de los museos.

¡Un saludo!